¿Dónde están? Después de 50 años un millon en marcha unificada

Escrito por: Gabriela Mitidieri, Robert Grosse

*24M: UNA PLAZA HISTÓRICA POR LA MEMORIA A 50 AÑOS DEL GOLPE*

Imagen de Ayelén Césare (https://www.instagram.com/ayi.cesarita/ / https://x.com/Ayicesarita_) para el CELS, Licencia CC BY-SA 4.0

A cincuenta años del golpe de Estado de 1976, el 24M volvió a mostrar en la Argentina que la memoria no es una pieza de museo, sino una fuerza social y política plenamente activa. En un contexto caracterizado por la ofensiva del Gobierno desde las elecciones legislativos en octubre del año pasado y atravesado por discursos oficiales de relativización del terrorismo de Estado, el movimiento de derechos humanos logró construir una respuesta de enorme potencia: tras casi dos décadas de actos y movilizaciones por separado, las organizaciones volvieron a confluir en una marcha unificada del 24M en Buenos Aires, que fue acompañada por actividades, actos y movilizaciones en todo el país. Bajo las banderas históricas de “Memoria, Verdad y Justicia”, la jornada dejó una señal política nítida: frente al revisionismo histórico y los intentos de fragmentación, el campo de los derechos humanos conservó capacidad de articulación, legitimidad pública y fuerza de convocatoria.

Uno de los elementos más significativos de este aniversario fue justamente la unidad. Organismos de Derechos Humanos, referentes como otrxs actores y personas públicas y espacios diversos confluyeron en una convocatoria común, consolidando una respuesta compartida en una fecha especialmente sensible. Esa convergencia tuvo un peso político propio: no fue solo una decisión organizativa, sino una afirmación pública de que los consensos democráticos construidos en torno a la memoria siguen en pie. La magnitud de la movilización reforzó ese mensaje. Según estimaciones de los convocantes, alrededor de un millón de personas se movilizaron en Buenos Aires y unas 1,4 millones en todo el país. Más allá de la disputa habitual sobre las cifras, lo central es que la masividad de la jornada volvió a convertir al 24 de marzo en una de las expresiones democráticas más potentes del calendario político argentino. La presencia masiva en el espacio público, no sólo el mismo 24M sino en los días anteriores y posteriores, la participación de distintas generaciones y la densidad simbólica mostraron que no se trata de una memoria congelada en el pasado. Por el contrario, lo que se puso en juego fue una lectura activa del presente: la defensa de los avances logrados en estas décadas y la reafirmación de un piso común frente a los discursos de negación, relativización o retroceso.

El contrapunto con el Gobierno quedó expuesto con claridad. En la previa de la marcha del 24M, la administración de Javier Milei difundió un nuevo video bajo la consigna “por una memoria, verdad y justicia completa”. Este video impone una narrativa que equipara la violencia de las organizaciones armadas de las izquierdas en los anos setenta como el ERP o Montoneros, con el terrorismo de Estado y cuestiona los consensos históricos construidos durante décadas en relación al esclarecimiento de los crímenes cometidos durante la última dictadura en Argentina (1976-1983).

Los organismos de derechos humanos [Info redaccional: que tuvieron gran parte en el esclarecimiento de crímenes cometidos durante la dictadura.] respondieron con dureza a esa operación política y simbólica. La consigna “Que digan dónde están” condensó esa respuesta de manera precisa: si de “memoria completa” se trata, entonces la pregunta ineludible sigue siendo por el destino de las y los desaparecidos, por el pacto de silencio de los represores y por la responsabilidad estatal en los crímenes de lesa humanidad.

Otro dato decisivo fue el carácter federal de la conmemoración. Las actividades no se limitaron a Plaza de Mayo ni a la Ciudad de Buenos Aires: hubo marchas, vigilias, intervenciones culturales y actos en numerosas ciudades del país. Esa extensión territorial confirmó una fortaleza de largo plazo del movimiento de derechos humanos argentino: su capacidad de sostener presencia pública, renovar alianzas y proyectar sentido político más allá de la capital. A cincuenta años del golpe, la memoria volvió a expresarse como una práctica colectiva de alcance nacional, con fuerte participación intergeneracional y con una notable capacidad de interpelación social.

El balance político del 24M, entonces, es claro y muy motivador para la sociedad argentina en su conjunto. En un escenario adverso, el movimiento de derechos humanos no solo defendió lo conquistado, sino que logró ordenar una respuesta común, masiva y federal. La marcha unificada, las actividades en todo el país y la reapropiación de consignas como “Memoria, Verdad y Justicia” y “Que digan dónde están” mostraron que la memoria democrática sigue viva y que continúa siendo una de las principales reservas éticas y políticas de la Argentina.


Redacción: Ute Löhning

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